miércoles, 19 de diciembre de 2007

SILVIA PATRICIA


Silvia Patricia Sevilla Pachano, candidata de Administración de Empresas. Para ella, esta carrera, permite asumir competencias profesionales y personales que ayudan a vincularse a la empresa o también generar una actividad empresarial propia, pues la Universidad forma administradores con capacidades en el área estratégica, emocional, interpersonal y técnica.

KAREN ANDREA


Karen Andrea Pacheco Viteri, representa a los estudiantes de Contabilidad y Auditoría. Sigue Auditoría porque su aspiración es desempeñarse como consultora en la empresa pública o privada, a parte que los conocimientos adquiridos en la Universidad, le da como para emprender en la gestión empresarial que permita formar nuevas empresas de producción de bienes y servicios en la región.

NORMA JEANETHE




Norma Jeanethe Cueva Rubio, es la candidata de la Escuela de Administración de Empresas. Dice que la apertura de los mercados financieros han obligado que las empresas se proyecten a ser más competitivas y de tal manera garantizar la obtención de resultados positivos y, bajo este ámbito, el control y eficiente uso de recursos de una organización.

martes, 18 de diciembre de 2007

PUCE - Sede Ambato graduó nuevos profesionales formados en valores y visión de servicio a la comunidad


Ing. Pablo Iturralde, Vicerrector; Padre Manuel Corrales, Rector de la PUCE; Monseñor Germán Pavón, Obispo de Ambato; y Padre César González Loor, prorrector de la PUCESA.

"Las actividades fundamentales de la Universidad Católica deberán vincular y armonizarse con la misión evangelizadora de la Iglesia a través de una investigación realizada a la luz del mensaje cristiano, que ponga los nuevos descubrimientos humanos al servicio de las personas y de la sociedad", fueron las palabras de apertura del acto de incorporación de 65 nuevos profesionales de la PUCE - Sede Ambato, en referencia al Documento de Aparecida (Brasil).

El programa se realizó el 14 de diciembre del 2007, en el auditorio general, con la presencia de las máximas autoridades de la PUCE - Matriz Quito y de la Sede de Ambato. El discurso académico (ver y leer en nota anexa) pronunció el Padre Manuel Corrales Pascual, rector de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Enseguida el Padre César González Loor, prorrector de la Pucesa, tomó promesa a los nuevos profesionales; y en representación de los graduados, el ingeniero Daniel Aguilar, dijo que los conocimientos que adquirieron en las aulas y laboratorios lo pondrán al servicio del país (ver anexo).

En el acto se incorporaron profesionales en diversas áreas: 4 Ingenieros Comerciales, 8 Licenciados en Optometría, 5 Licenciados en Linguística Aplicada a la Enseñanza del Idioma Inglés, 3 Ingenieros en Diseño Industrial, 13 Ingenieros en Sistemas y Computación y un Tecnólogo en Adminitsración de Pequeñas y Medianas Empresas - Formación Dual.

La Universidad también entregó certificados de Aptitud y Pertitaje expedidos por la Escuela de Lenguas y Linguística - Programa Inglés y Diplomas de Estudios Tecnológicos.

El acto tuvo dos partes, la una de carácter solemne y la otra social. Asistieron autoridades esclesiásticas de Ambato y educativas de la provincia de Tungurahua.

Al final graduados y familiares compartieron momentos de felicidad, por tan importante acontecimiento académico.

Nuestra misión es propiciar el desarrollo de las potencialidades que están en las personas


Padre Manuel Corrales Pascual
RECTOR DE LA PUCE

Nuevamente nos reunimos para decir adiós a un grupo de graduados de nuestra Universidad. Y esta circunstancia, donde concurren sentimientos de alegría y nostalgia, de estimulantes ilusiones y severos interrogantes, nos convoca una vez más a reflexionar sobre nuestra vocación universitaria.

Es misión de la Universidad continuar lo ya iniciado en los primeros estudios: Parvularia, Educación Básica, Bachillerato. Ojalá esas etapas fundamentales para el desarrollo armónico de la personalidad tuvieran en nuestro medio la calidad mínima requerida. Lamentablemente, en no pocos casos, tales etapas adolecen de serias deficiencias. Y esto incide negativamente en la capacitación necesaria para emprender los estudios superiores.

No puedo entretenerme en esta ocasión en tan grave asunto: Lo dejo apuntado como inquietud y problema que debiera preocuparnos a todos. Sea de ello lo que fuere, es misión de la Universidad —como he dicho hace un momento— continuar propiciando el desarrollo de las potencialidades que están en las personas. Y, en nuestro caso, por imposición de las circunstancias, corregir —si aún estuviéramos a tiempo— severas desviaciones y llenar elementales carencias evidentes en muchos de nuestros aspirantes a universitarios. Todas las potencialidades.

Desarrollar todas las potencialidades que el ser humano encierra dentro de sí como en germen. No solo el cultivo de la inteligencia, no solo el enriquecimiento del saber conceptual, teórico, sino esas otras dimensiones igualmente importantes, como son la imaginación creadora, la maduración de la vida afectiva, el enriquecimiento de aquellas virtualidades que hacen a la persona humana un ser diferente y diferentemente maravilloso en el conjunto de la creación: La vivencia profunda de que no estoy solo en el mundo, de que en el camino del vivir, del ir construyendo cada día mi vida, tengo compañeras y compañeros de viaje: Los otros ('el otro'), que necesitan mi apoyo como yo necesito el de ellos: Ser con ellos transparentes en la verdad, generosos en el intercambio de saberes y búsquedas, solidarios en el compartir penas y alegrías, inquietudes y esperanzas. Y, como ámbito propicio para el desarrollo de todas esas potencialidades, la apertura hacia los horizontes que van más allá, mucho más allá que el puro saber instrumental y pragmático.

¡Qué distancia tan enorme hay entre una Universidad consciente de su misión y ese otro tipo de instituciones sedicentes universidades, pero que no merecen el nombre de tales! ¡Qué grave para nuestra Universidad el olvido de su misión, el dejarse dominar por la pereza, la ramplonería y la rutina!

Al despedir a un nuevo grupo de graduados, se nos impone a todos los miembros de la comunidad universitaria cuestionarnos y cuestionar nuestro quehacer cotidiano: ¿Estamos haciendo lo que debemos hacer? ¿Lo estamos haciendo como debemos hacerlo? Es muy satisfactorio y estimulante saber que un buen número de nuestros graduados —tal vez la inmensa mayoría de ellos— se desempeñan profesionalmente con solvencia, incluso con excelencia. Pero ¿es el puro desempeño profesional el único criterio para saber si estamos haciendo las cosas bien, si las estamos haciendo como debemos hacerlas?

Porque la faena de colaborar a que en el estudiante se desarrolle, crezca y madure sus potencialidades —todas sus potencialidades—, y que ese desarrollo, crecimiento y maduración sean armónicos, exigen de los maestros algo más que competencias cognitivas y habilidades y destrezas con las que proyectar a la praxis aquellas competencias. Nadie da lo que no tiene: Si el maestro no es amigo de la verdad, mal podrá promover su desarrollo entre sus pupilos. Si es egoísta, qué generosidad y solidaridad podrá sembrar en ellos. Los valores no se enseñan, se contagian.

Por eso, al despedir hoy a nuestros graduados, junto a la satisfacción de ver que han coronado exitosamente una etapa universitaria, debemos todos nosotros, pero particularmente los maestros, ser permeables a las punzantes cuestiones sobre nuestro quehacer: Dejar que las grandes cuestiones sobre el sentido de nuestro trabajo nos inquieten y nos estimulen a la búsqueda de adecuadas respuestas, que no han de ser puramente conceptuales, que no han de quedarse en la pura teoría: Que han de manifestarse en los hechos: “Obras son amores y no buenas razones”.

Queridos graduados y graduadas: El ser estudiante no es una profesión, es una etapa vital que se termina antes de lo que muchos creen. La de ustedes ya terminó, aunque todavía podría y debería continuar con la necesaria formación permanente. Nosotros en cambio, sus maestros, continuamos en casa; pero queremos continuar con la ilusión y el propósito de hacer mejor las cosas, de ser mejores maestros, de unir esfuerzos para que la misión de la Universitas, que es la formación integral, pues no otra cosa es el desarrollo de las potencialidades de la persona, sea cada día una realidad más evidente y fecunda.

Felicidades a los graduados y graduadas.
Y a todos ustedes: ¡Muchas gracias!

La Universidad Católica construye liderazgo, verdad científica e identidad cristiana


Daniel Aguilar Vásconez
REPRESENTANTE DE LOS GRADUADOS

Es una mañana de alegría y es ahora cuando se vislumbra un futuro prometedor para cada uno de nosotros si somos diligentes en el ejercicio de nuestra profesión.

Primero, quiero agradecerle a nuestro Padre Celestial quien nos ha otorgado el don de la vida y nos ha dado la oportunidad de alcanzar la meta de convertirnos en profesionales reconocidos por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.

También me dirijo a nuestros padres. Son ustedes quienes nos han impulsado con su amor incondicional. Y como saetas en manos del valiente así somos los hijos habidos en su juventud. Que sepamos traer alegría a sus vidas honrándoles, desempeñando nuestra profesión de una manera íntegra como ustedes se merecen. A nuestros profesores que día a día nos han transmitido sus conocimientos y experiencias. Algunos que con su forma de vida nos inspiran, les agradecemos. Les admiramos.

La Pucesa en su visión manifiesta que se propone ser una institución de educación superior que construye su liderazgo en la formación humana y profesional. Entonces, el fin principal de la universidad es el bienestar social, el momento en que perdamos de vista esta premisa, la universidad no tiene más razón de ser.

Nuestro Rector, el Padre Manuel Corrales Pascual decía hace pocos días que está convencido de que la Universidad tiene una especial misión y un grave desafío con respecto a la comunidad ecuatoriana en la actualidad, que los universitarios estamos obligados a reflexionar seria y responsablemente sobre lo que podemos y debemos hacer a favor de nuestros países; es decir, en definitiva, a favor de nosotros mismos.

El país se encuentra en un proceso de profundo cambio que ha concertado la atención de todos lo ecuatorianos. Los ojos de todos nosotros se han volcado en la Asamblea Nacional Constituyente de plenos poderes. El mandato de la ciudadanía fue claro: Queremos una transformación profunda, una democracia donde se oiga nuestra voz. Esperamos que este organismo sepa interpretar el sentir de la mayoría.

El Presidente Rafael Correa en su posesión dijo que vamos a vivir una revolución ciudadana en una lucha contra la corrupción enraizada en nuestra sociedad. Para esa lucha el Presidente y sus colaboradores han buscado y siguen buscando los mejores hombres y mujeres que con manos limpias, mentes lúcidas y corazones ardientes por la Patria, dirijan las diferentes entidades del Estado y desde ahí con todo el respaldo político, ojalá elimine con su ejemplo y su consagración ciudadana, este nefasto mal.

No son solo ellos los que desesperadamente los buscan, sino toda la ciudadanía tanto para que trabajen en el sector público como en el privado. Debemos hacernos a conciencia las siguientes preguntas: ¿Merezco la confianza de los ecuatorianos? ¿Tengo las manos limpias? ¿Arde mi corazón por ver días mejores para mi Patria? Si nuestro corazón se predispone a buscar el bienestar social, entonces esforcémonos, seamos valientes y hagamos las cosas bien.

Somos una clase privilegiada, tomando en cuenta que el promedio de escolaridad de acuerdo al INEC es tan solo de doce años de estudio. Es decir, muy pocos podemos ingresar a las universidades y un número aun más reducido culminar los estudios universitarios. Somos entonces nosotros los llamados a asumir nuevos retos, a tener iniciativas, a crear empresa, a dirigir grupos de personas, a ingeniar, a crear cada uno en su medio. Si nuestros padres alcanzaron metas, nosotros debemos superarlos. Sin embargo cuando formemos empresas no olvidemos las palabras de Juan Pablo II, en su Encíclica Laboren Exercem en donde dice que el trabajo humano no es un factor más de producción, sino el fin mismo de la producción.

Queridos compañeros llego la hora. Somos profesionales. Nuestros sueños son la única vida real y son posibles de alcanzar, si primero los ponemos en manos de Dios. En vano son los títulos, los reconocimientos y los logros si Él no está presente. Ahora pido nos bendiga y conceda sabiduría para ejercer nuestra profesión en servicio del prójimo.

¡Esforcémonos por construir una Patria mejor!

Optimizó el manejo de contratos y documentación


Como egresados de promociones anteriores, Patricio Garcés Llerena diseñó y entregó a la Universidad el software que permite optimizar el manejo de contratos y documentación de la Dirección Administrativa. El profesional recibió el título de Ingeniero en Sistemas, de manos del Ing. Pablo Iturralde, vicerrector de la PUCE - Matriz Quito.